Haciendas en Chepén

LURIFICO:  ex Hacienda de facha medieval.

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Imponente arquitectura en Lurifico. J. Alva

Esta monumental obra del siglo XIX se encuentra situado en el km. 698 de la carretera panamericana norte, próximo a la ciudad de Chepén. En el pasado este espacio de inspiración medieval fue cede de una de las Haciendas más importantes del Valle y del Departamento de La Libertad. De allí que por su historia y despliegue arquitectónico, único en el Perú, fue declarado un Monumento Nacional bajo la denominación CASA Y DEPENDENCIA DE LA ANTIGUA HACIENDA LURIFICO, según R.S. N° 505-74-ED del 15 de Octubre de 1974.

Se especula que durante el período de la guerra de la Independencia del Perú, el militar venezolano Simón José Antonio de la Santísima Trinida Bolivar y Palacios se alojó en dicha hacienda por unos días, cuando se trasladaba con su ejército hacia la ciudad de Trujillo.

Vista de Lurifico en 1992. J. Alva.

Tres años después (1862) del ingreso de los Vascos a Talambo, en la jurisdicción de Chepén fue cedida en calidad de arriendo, Lurifico, a don José Balta Montero. Propiedad que en 1866 adquiriera a un costo de 150 mil pesos; cuando en el Perú, agobiaba una crisis económica.

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Coronel don José Balta Montero

En febrero de 1868 el Coronel José Balta Montero fue elegido Presidente del Perú; cargo que asume el 2 de agosto de 1868. Él creía supersticiosamente que dotando al territorio peruano de obras públicas ahuyentaría la anarquía y las rebeliones en Lima y el país, de allí que su administración giró en torno a tres temas fundamentales:

  • La crisis económica.
  • La política ferrocarrilera, y
  • La rebelión de los hermanos Gutierrez.

Sin embargo, la atención de su mandato se centró en las obra públicas y los ferrocarriles. De allí que “por Ley del 15 de enero de 1869, el Congreso autorizó al gobierno para que previos estudios, procediera a la construcción de ferrocarriles de penetración destinados a poner en comunicación la costa y sierra del Perú y hacer posible la explotación de riquezas” (Chirinos, 1996; pp. 152).

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Acequia de Lurifico que atraviesa el pueblo de Chepén.  Foto. Familia Diaz Abanto.

En 1870, Balta ordenó la construcción de la acequia que atraviesa el pueblo de Chepén, sobre una franja de tierra que le obsequiara don Salcedo, para que trasladase agua del río Jequetepeque a la hacienda Lurifico, e incrementar la producción agrícola.

El 18 de enero de 1871, el ministro de Hacienda y Comercio, Dr. José Silva Santisteban inauguró el inicio de la obra ferroviaria de Puerto Pacasmayo a Chilete para unir a las comunidades de Yonan,  Limoncarro, Guadalupe, Talambo, Chepén, Lurifico, La Morana, entre otros; a un costo de 7 millones 700 mil soles y con una extensión de 83 millas. La obra vial ferroviaria fue entregada en julio de 1874. La construcción de la red ferroviaria significó para nuestra cuenca no solo un mejoramiento del transporte en términos de la rapidez o velocidad, sino un incremento del agro, de la mano de obra (recurriendo al sistema de enganche) y el comercio; siendo el eje de esta actividad el puerto de Pacasmayo, por su “cercanía al mar y su largo muelle hasta donde llegaban los ferrocarriles cargados de caña, algodón y tabaco provenientes de las haciendas cercanas”  (Wust, 2006; pp. 98). En realidad, la importación de esta tecnología (que implicó vencer dificultades técnicas por lo accidentado de la geografía), no hubiera sido posible sin la Ley del 24 de enero de 1871 con el que se autorizara la contratación de un empréstito de 15 millones de libras (75 millones de soles) con la Casa Dreyfus, de los cuales dos se debían aplicar a la irrigación de la costa y trece a la construcción de los ferrocarriles de Cuzco, Cajamarca y Ancash; de donde se obtienen los créditos públicos para su financiación.

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Locomotora estacionada en la Av. Gonzales Cáceda a la altura de la Iglesia San Sebastián. 1958. / J. Alva.

Para el 7 de octubre de 1871 el Presidente Balta vende Lurifico al empresario norteamericano Henry Meigg  Williams por 300 mil soles de plata.

Vista fotográfica de la Hacienda de Lurifico en 1881

Vista fotográfica de la Hacienda de Lurifico en 1881. / Cortesía BCP.

Durante ese año, 1871, el cultivo de la caña en las Haciendas norteñas incrementaron su producción hasta 4,500 tonelada y para 1876 llegó a 63,370 toneladas. Dentro de esa expansión productiva se encontraba Lurifico. Sin embargo la época dorada que vivió esta Hacienda agrícola, nunca más retornaría.

Siete años después de iniciada la invasión militar de Chile al Perú, para apoderarse de sus recursos guaneros y salitreros, hace su arribo el comandante Patricio Lynch, procedente de la ciudad de Chiclayo, para tomar por asalto el Valle del Jequetepeque. En este período bélico, la hacienda Lurifico fue cuartel general del cónsul estadounidense Hon William Hunter, quien abogó ante el militar invasor (situado en el pueblo de Guadalupe) para que las propiedades agrarias, viales, y públicas no fueran destruidas previo pago de cupos de guerra. A fines de 1880 Lynch y sus piratas abandonaron el valle rumbo a Paiján.

Finalmente, con la Reforma Agraria implementada durante el gobierno militar de Juan Velazco Alvarado, no hizo más que acelerar el deterioro económico de la Hacienda que luego se convirtió en Cooperativa y, a inicios de los años ’90 declararse en crisis.

Desde entonces, toda aquella infraestructura quedó abandonada y con el correr de los años tomada por asaltantes, quedando sólo una parte del Complejo Arquitectónico de Lurifico libre de esos individuos, aunque no del tiempo. Una pérdida irreparable para Chepén, un pueblo sin memoria e identidad.

Vista del deterioro arquitectónico que padece Lurifico

CASONA DE TALAMBO: antigua joya colonial

Atravesando la ciudad de Chepén se localiza una  carretera que conduce al pueblo de Talambo. Ya en él, yace un parque principal donde se ubica un edificio que perteneció a la Casa Hacienda, de muros anchos, pisos de madera, pasadizos ocultos y amplios patios; correspondientes al último período colonial, y que alberga en su interior una colección privada de cerámica pre inca.

Fachada Colonial de la Casona Talambo

Ubicado en el distrito de Chepén, limita por el norte con el Cerro de Chepén, al este con el Cerro de Talambo, al sur con el pueblo de Limoncarro, al oeste con la ciudad de Guadalupe y las montañas que se ubican paralelo al Océano Pacífico.

 En un manuscrito redactado por don Justo Modesto de Ruviños y Andrade, cura de los pueblos de Mórrope y Pacora, en el año de 1782 dice que los religiosos de Guadalupe fundaron el Colegio de San Ildefonso para que aprendiesen las primera letras los estudiantes coristas y religiosos que se traían, aplicándole al dicho colegio la grande hacienda de Talambo, que está situada poco más de dos leguas de Guadalupe, hacia el oriente, y ha sido y es estancia de ganados mayores, y menores, con tina y tenería de labrar jabones, y cordovanes, y negros esclavos de capital correspondientes no solo a este beneficio, sino al de las grandes cosechas de arroz y trigo, con ingenio y molinos propios, y todos los emolumentos se destinaron para la conservación del citado colegio de San Ildefonso; (…).   

Luego los religiosos de Guadalupe, allá por el año de 1801, venden la propiedad de la Casa Hacienda a don José Bermudez. Y éste a su vez a don Manuel Salcedo.   

“En 1859 el gobierno dio autorización a don Manuel Salcedo, propietario de la Hacienda “Talambo” (…) para introducir al país mil colonos españoles destinados a la agricultura. (…)   

Acceso interior

Los colonos llegaron al Callao a   fines de julio de ese año y el 31 marcharon a la Hacienda “Talambo”; a los pocos días de llegados desertaron varias familias (…), quedando alrededor de ciento ochenta (…). Los que quedaron, junto con el cultivo de algodón, se dedicaron a cultivar hortalizas, pero al señor Salcedo le interesaba más el cultivo del algodón,  razón por la cual se suscitaron continuas malas inteligencias entre colonos y patrón, que culminaron con los incidentes ocurridos el 4 de agosto de 1863, (…) pretexto que les permitió (a los españoles) iniciar las ansiadas reclamaciones contra el Perú. (…).   

En noviembre de 1863 apareció en Madrid, un folleto titulado “Horrorosos asesinatos de españoles en el Perú”, en que se hablaba de “una codicia y ferocidad apenas concebible” (…) y que la cuestión de “Talambo” era una cuestión “de la civilización contra la barbarie”. (…). El 2 de octubre el Juez de Chiclayo dio su fallo condenando a dos vascos, lo que no se consideró justo por la Corte Superior de La Libertad, y el 31 de octubre declaró la nulidad de la sentencia, y de inmediato mandó ha capturar y enjuiciar a Salcedo y otras personas y procesar al juez de Chepén, pero el 16 de febrero de 1864 la Corte Suprema declaró nula la sentencia de la Corte de La Libertad y la reposición de las cosas a su estado anterior”. (Pons Muzzo, 1966: 45-47).   

Vista parcial del edificio interior

El incidente de Talambo marcó el inicio del Combate del Callao de 2 de mayo de 1866. Finalmente, en 1968 el Gobierno Revolucionario de las Fuerzas Armadas liderado por el General Juan Velazco Alvarado decretó que todas las haciendas pasaban hacer cooperativas, siendo el primer presidente de la Cooperativa Talambo, el señor Germán Fernández Morales.   

Desde que las Cooperativas como organizaciones agrarias dejara de funcionar, ha transcurrido varias décadas, y si bien actualmente es propiedad de la Parroquia San Sebastián, este monumento arquitectónico, declarado Patrimonio Cultural de la Nación con R.M. N° 0928-80-ED, no recibe el mantenimiento adecuado ni por dicha entidad, ni por las autoridades políticas del distrito, para que recupere su majestuosidad de antaño.   

Al interior de esta construcción se guarda una colección de piezas de cerámica y objetos de metal del periódo pre inca donadas por algunas familias tanto de Pacasmayo como de Cajamarca. Tales piezas de invalorable valor histórico yacen almacenadas en una de las habitaciones de la Casona. En un inicio se intentó aperturar una sala de exposición de piezas prehispánicas; y si bien es poco visitado, existe la necesidad de clasificar, organizar y promocionar dicho legado como parte de la Casona de Talambo; un recurso potencial para el turismo del valle Jequetepeque.

Almacen de cerámicas prehispánicas en el sótano de la casona de Talambo

 

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