Chepén salvaje

Tierra de singular paisaje aluvial 

Oculto entre la cadena occidental de los andes y la antigua cordillera submarina del norte liberteño, se extiende un angosto valle fértil, adornado de campos de arroz y caña de azúcar, de tranquilos vientos, y de ocasos de lienzo.  Es una de las áreas del norte peruano más productivas en arroz y de antiguos asentamientos mochicas. El poeta limeño Nicomedes Santa Cruz lo llamó “bisabuelo del Perú”. Su río está cubierto por un extenso roquedal por donde fluye un delgado flujo de agua que apenas se pierde entre la vegetación nativa que crece en su lecho. Otra fuente hídrica, es la que concentra el humedal continental de Mancoche, un pequeño espejo de agua lodosa en el corazón de los cultivos de arroz.

En este territorio, de clima templado, se imprimen una variedad de instantáneas naturales escasamente apreciadas por la gente que lo habita, como uno de los tantos atardeceres que se forman detrás de la antigua cordillera submarina de la región, muy cercana al Océano Pacífico.

DSCN9281[1]

Un peculiar atardecer en el valle de Chepén

No siempre esta desértica geografía, se viste de un verdor infinito, salvo aquello que la mano del hombre pinta con los arrozales. Pero no solo se trata de las grandes tierras de labrantío, sino de las áridas pampas y las montañas andinas, que por un capricho de la naturaleza transforma esta tierra en magníficos jardines santuario de aves, reptiles y zorros del desierto; como el que nos regala “El Niño” de agobiantes aguaceros en verano.

DSCN9372[1]

Atípico paisaje de montaña en la costa chepenana durante “El Niño”

En esta creación espontánea que la naturaleza suele estampar, el atrevimiento humano levanta expresiones religiosas que reflejan su devoción al creador, como un agradecimiento por la tierra que nos tocó heredar; esta obra en cemento que se distingue en lo alto del Cerro de Chepén, se levanta sobre un angosto relieve rocoso para ser venerado en Semana Santa. 

DSCN9343

Cristo blanco de Chepén, la tercera vía crucis más alta del mundo

Las escarpadas laderas y las paredes de barrancos del Cerro, en el corazón del valle de Chepén, encierran una de las más espectaculares especies de fauna local, apreciadas por los antiguos mochicas que habitaron este “fuerte de corteza terrestre”, dejando como huella de su existencia una compleja ciudad amurallada y los siguientes brotes de vida.

DSCN6117

Algunas de las especies de aves que habitan en los alrededores del Cerro de Chepén

RSCN2750

Una delicada flor de intenso colorido desafía la austeridad del desierto de Chepén

Entre el mar y el desierto

DSCN1153

Vista del litoral chepenano

El mar de Chepén normalmente es frío (16 °C), porque las aguas de la Corriente Peruana (o de Humboldt) son de naturaleza subantártica; su frialdad también es influenciada por el afloramiento de aguas subsuperficiales, causado por los vientos que soplan hacia la costa. Esta agua, fría, contiene una mayor concentración de oxígeno y nutrientes minerales como los nitratos, silicatos y fosfatos. Además esta condición térmica favorece la existencia  de una alta capacidad fotosintética del  fitoplancton, productor de materia orgánica y, en concecuencia, alta disponibilidad de alimento para una biomasa significativa, como la anchoveta, calamar gigante, bagre, “palabritas”, macroalgas o “yuyo”, choritos, etc.

“El mar, o NI en muchik, en el pasado fue motivo de parcelación, distribución y heredad, hasta fines del siglo pasado. De allí que, su riqueza explica la temprana sedentarización de sociedades pre agrícolas en las pampas de Charcape y, además, riqueza y poder de comerciantes en tiempos tardíos, a los que, tanto los conquistadores incas como hispanos, respetaron y concedieron cierta independencia del poder agrícola” (Campana Cristobal, La cultura mochica, pp. 9).

En este espacio marino se aprecia diversos paisajes y especies muy característicos como los erizos de mar, estrellas de mar, variedad de aves nativas como la Gaviota peruana y, emigrantes como el Gaviotín elegante, etc.

DSCN1231

Un grupo de aves marinas en nuestro litoral del Pacífico

No obstante, esta costa nuestra se caracteriza por su relieve desértico y pampas areno-pedregosas, donde las bajas temperaturas y las garúas de invierno suelen acompañarse de una cubierta vegetal de epífitos de neblina, sapotes y arbustos esporádicos. Esto nos rebela que Tierra y Mar han sido desde siempre, no solo una unidad ambiental, sino fuente de bienestar para los habitantes originarios que hicieron de este paisaje su estilo de vida; reflejado en sus iconografía, arquitectura doméstica, botes de red, actividades diversas y ceremonias ancestrales.

DSCN1227

Pesca de red a primeras horas de la mañana.

Cerros costaneros

Los cerros de la costa desértica, particularmente el de Chepén son áridas y de poca vegetación, expuestos a la influencia de las corrientes oceánicas de naturaleza fría que impiden que tengan lugar en él, las precipitaciones.

La falta de lluvia se debe a que los vientos alisos húmedos, al pasar sobre las aguas frías de la Corriente Peruana, se enfrían y producen un colchón de neblina hasta los 800 a 1000 msnm.

Ambos elementos naturales, el desierto de la costa y la cadena montañosa, forman un angosto corredor que es atravesado de Este a Oeste por dos cuencas hidrográficas pobres en aguas, cuyas nacientes están situadas en los Andes occidentales del departamento de Cajamarca. Se trata de los Ríos Chamán o San Gregorio y el Jequetepeque. El primero, conduce agua solo cuando caen lluvias excepcionales tras el fenómeno El Niño; y el segundo, presenta un cause regular sobre la cual yace construida una represa denominado Gallito Ciego, el mismo que provee agua a las pampas para el cultivo de arroz, caña de azúcar, arándanos, uva, cebolla verde, camote, maíz, etc.

CERROS COSTEROS

Vista de los médanos de arena cubiertos de esporádica vegetación.

Los suelos de este paisaje son grises y pobres en humus, son bastantes uniformes. La matriz de suelos considera la preponderancia de depósitos eólicos: arenas con una reducida mezcla de limo, material disgregado y/o aluviones descendidos de los espolones cordilleranos. La humedad en el lugar, resulta suficiente para alimentar a la escasa vegetación rastrera, arbustiva que crece en el desierto, adaptada a los médanos de arena.

CERROS COSTEROS 3

Escarpada ladera de los andes costeros

Vistos desde la distancia, estos colosos geológicos del cretáceo inferior y de laderas escarpadas, se alzan como murallas naturales que configuran el clima en la zona, dándole en verano temperaturas cálidas y en invierno relativa humedad al atrapar la neblina que ingresa del mar a la costa.

Entre los pináculos más representativos de los Andes Chepenanos están Cerro Órganos (1250 msmn), Cerro Talambo (1200 msnm), Cerro Horcón (1000 msnm) y Cerro Chepén (350 msnm); algunos de ellos con edificaciones pre incas. Estas montañas constituyen una sola cordillera, pero de hecho cuando los pliegues montañosos se ramifican de sur a norte sobresalen en el paisaje. Aunque se elevan tanto, en relación a sus más próximos vecinos de piedra, los Andes comenzó su existencia en el fondo del mar hace millones de años, cuando las placas tectónicas en constante movimiento, la del Continente y la de Nazca, fueron soportando severos rozamientos produciendo que el suelo del Océano Pacífico tensara las capas rocosas del Continente hacia arriba convirtiéndose en la cadena de montaña con mayor longitud sobre la Tierra. Y al pie de una de esas ramificaciones pétreas se erige el pueblo de San Sebastián de Chepén.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s




A %d blogueros les gusta esto: